Cómo detectar a tiempo la resistencia a la insulina
Por qué el control de la glucosa y la insulina es clave para prevenir enfermedades antes de que aparezcan síntomas.

Muchas veces nos sentimos cansados, con falta de energía o notamos que ganamos peso con facilidad en la zona abdominal, y solemos atribuirlo al estrés o a la edad. Sin embargo, detrás de estas señales podría esconderse la resistencia a la insulina, una condición silenciosa que, si no se detecta a tiempo, puede derivar en problemas más serios como la diabetes tipo 2. La buena noticia es que existen herramientas médicas precisas para identificarla antes de que sea tarde. Según explica la doctora Maribel Tejada en una reciente entrevista para el Diario AS, no basta con mirar únicamente los niveles de azúcar en sangre de forma aislada. La clave para un diagnóstico temprano reside en dos pruebas fundamentales: la hemoglobina glicosilada y la insulina en ayunas. Mientras que una prueba de glucosa tradicional solo nos da una 'foto' del momento exacto del pinchazo, la hemoglobina glicosilada nos ofrece una película completa de cómo han estado nuestros niveles de azúcar en los últimos tres meses. Por su parte, medir la insulina en ayunas permite ver cuánto esfuerzo está haciendo el páncreas para mantener ese azúcar bajo control. La resistencia a la insulina ocurre cuando nuestras células dejan de

responder adecuadamente a esta hormona, que es la encargada de permitir que la glucosa entre en las células para darnos energía. Al no poder entrar, el azúcar se queda en la sangre y el cuerpo reacciona produciendo todavía más insulina. Este círculo vicioso es el que la doctora Tejada señala como un punto crítico que debemos vigilar. Detectar este desajuste a través de analíticas completas permite actuar de forma preventiva, cambiando hábitos antes de que el metabolismo se vea comprometido de forma irreversible. Para mejorar nuestra salud metabólica, el enfoque debe ser integral. No se trata de hacer dietas extremas, sino de entender cómo funcionan nuestros niveles de energía. Priorizar el consumo de fibras, proteínas de calidad y grasas saludables, junto con la práctica regular de ejercicio físico —especialmente el de fuerza—, ayuda a que nuestras células vuelvan a ser sensibles a la insulina. El descanso reparador y la gestión del estrés también juegan un papel vital, ya que el cortisol elevado puede interferir directamente en el metabolismo de la glucosa. Consultar con un profesional para realizar estos chequeos específicos es el primer paso para tomar las riendas de nuestro bienestar a largo plazo.
